Capítulo 5
Ya era de noche, estaban cansados y su madre dejó bien claro que no tenía ninguna gana de cocinar la cena. Estaban llegando por fin a casa, mientras el coche descendía las gemelas iban cogiendo bolsas y metiendo a sus gatos en sus gateras correspondientes. Aterrizaron suavemente sin que nadie los viera. Aparcaron el coche y salieron, todos cargados de bolsas. Su padre abrió la puerta con dificultad, aunque la abrió al cabo de un minuto o así. Entraron a toda prisa.
- Dejad esto en la habitación, anda.-
- Sí, mami.- respondieron las dos gemelas al unísono subiendo las escaleras.
Llegaron a su habitación, encendieron la luz, dejaron las bolsas en una esquina de la habitación y abrieron las gateras. Lía sacó a su gatito.
- ¿A que es adorable?- se admiró Lía.
- ¡Sí! Oye, ¿que nombre le vas a poner?- preguntó Allana.
- Pues… Buena pregunta. A ver que piense…- sacó la lengua, lo que indicaba su concentración- ¡Ya sé! Te voy a llamar Gibbs.- exclamó y acarició al gatito.
- Oh, bonito nombre.-
- ¿Y cómo le vas a poner a la tuya?-
- Pues la voy a llamar…- murmuró mientras sacaba a la gatita.- Dream. Es un nombre bonito, ¿no?
- Sí, señora. Jo, qué sueño. Espero que papá esté pidiendo la pizza ya.-
- Pues sí, mi barriguita está triste.
Las dos se rieron, dejaron a los gatos en la cama de Lía, donde se pusieron a olerse y a jugar. Bajaron al salón, a decirle a su padre que pidiera la pizza de jamón y queso. Un clásico. Mientras la pedía, las hermanas iban a poner la mesa. Allana ponía el mantel y Lía sacaba la vajilla. Aunque sabían que iba a tardar de veinte minutos a media hora, les gustaba tenerlo todo preparado. Subieron de nuevo a su habitación, dejando la puerta abierta para enterarse de cuándo estaría la cena. Los gatitos se estaban persiguiendo por las camas y jugando con las arrugas de las sábanas.
- ¿Y si sacamos el pienso?- propuso Allana.
- Vale, espera, voy a por un poquito de agua.- respondió Lía.- Tú saca los bols, porfi.
- Eso está hecho.- dijo Allana, guiñándole un ojo.
Bajó las escaleras y fue hasta la cocina. Abrió la nevera y buscó el agua por todas partes, aunque no se dio cuenta hasta pasados unos minutos de que estaba en frente suya. La cogió y subió a la habitación.
- ¿Sabes? Creo que es mejor que les demos ahora algo de agua y cuando venga la pizza ponerles el pienso. ¿Qué te parece?- dijo Allana.
- Sí, mejor. Voy a darme prisa, tienen que estar muertos de sed, los pobres.
Los gatitos bajaron de la cama y escrutaron el platito de agua. Se asomaron un par de veces y hasta llegaron a meter la patita dentro. Se pusieron a beber como locos. Lía y Allana se sentaron el la cama y contemplaron cómo los gatitos bebían. Pasaron el rato jugando a las cartas. Los gatos también subieron y se tumbaron por la almohada a dormir. No se dieron cuenta de lo rápido que pasó el rato. Se oyó el motor de una moto, sobresaltó a los gatos, les pusieron el pienso en el bol de comida y lo señalaron, para dejar bien claro que era eso lo que tenían que comer. Los gatitos se acercaron y empezaron a comer. Las hermanas se miraron con una sonrisa en la cara y bajaron a toda prisa. La pizza las estaba esperando en la mesa. Se sentaron juntas, su madre se puso a cortar la pizza y a depositarla en su correspondiente plato. Desprendía un aroma delicioso.
- ¡Quieta!- exclamó cuando vio que Lía iba a darle un mordisco a su porción de pizza.- Ahora quema, espérate.
- Sí, mamá…-
Le dio un mordisco en cuanto su madre se dio la vuelta. La verdad era que quemaba, mucho. Al rato, la pizza había desaparecido completamente. Las hermanas se levantaron y fueron a su habitación. Abrieron la puerta, nada más hacerlo, los gatos se tiraron a atacar sus piernas. Hacía cosquillas, a decir verdad. Cogieron a los gatos y se pusieron a jugar con ellos por toda la habitación. Al rato, se durmieron en la almohada de Allana. Las hermanas se sentaron en la cama de Lía y hablaron sobre Hogwarts.
- Estoy muy nerviosa. ¿Cómo será? ¿Y si no nos aceptan?- dijo Allana.
- No seas tonta, es imposible. Si nos han dado la carta es por algo, vamos, digo yo.- razonó Lía.
- Ya, pero… Bueno, mamá me dijo que había casas y que dependiendo de cómo seas te ponen en una o en otra. Me dijo los nombres pero no me acuerdo bien.-
- Vaya, con que hay selección…
- Yo sólo espero estar en la misma casa que tú, hermanita.-
- Y yo. Ahora lo que me pregunto es cómo serán los profes. A lo mejor son muy malos.
Siguieron hablando de Hogwarts y, antes de que se dieran cuenta ya era de noche completamente y debían dormirse. Lía sacó una cama para gatos y puso a los gatos ahí. Las hermanas se pusieron los pijamas y se metieron en sus respectivas camas.
- Buenas noches, Lía.
- Buenas noches, Allana.
Apagaron la luz. Lía se quedó unos momentos despierta, estaba nerviosísima por su inminente llegada a Hogwarts. Al final, el sueño pudo con ella y se durmió.
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