Capítulo 1 (por fin) :)

Capítulo 1

Suenan los despertadores, Lía y su hermana Allana, que son idénticas, salvo en los ojos y el cabello, se despiertan. Las hermanas se revolvieron bajo las sábanas y apagaron ambos despertadores al unísono, con un idéntico movimiento. Se sentaron en la cama y se miraron sonriendo, bajo una maraña de pelos.

- - ¡ Hola, hermanita! – dijo la de la cama de la izquierda. Tenía el pelo medio dorado, medio rubio. Y unos ojos color miel.

- ¿ Qué hay?- respondió la de la cama de la derecha. Ésta tenía el pelo negro y los ojos color zafiro, una mezcla entre el azul y el violeta.

Se levantaron, ambas iban con los pies descalzos y llevaban unos pijamas de verano, ya que estaban en agosto. Lía se acercó al pequeño espejo que tenían en la estantería, junto con otras muchas cosas. Se miró el pelo revuelto en cien direcciones, y empezó a ordenarse su pelo moreno claro. Cuando fue de su agrado, se volvió hacia su hermana, Allana.

Yo de ti, me ordenaría esa maraña que tienes ahora mismo por pelo.- Le dijo con una risita.

- ¡ Tienes razón!

Así que Allana, se dirigió el espejo y se recolocó los mechones de su negro cabello. Cuando las hermanas estaban relativamente presentables, bajaron por las escaleras, aún descalzas, hasta el primer piso. Se encaminaron a la cocina, que era más o menos amplia. Con una sencilla mesa de madera, con cuatro sillas. Había también unas cuántas ventanas, por las que entraba la brillante luz matinal. Debía de ser temprano. Sus padres no tardarían en levantarse, pero mientras tanto, las gemelas se iban a hacer su desayuno. Cuando se tomaron una taza de leche con cacao y un par de tostadas, volvieron a su habitación. Lía descorrió las cortinas, que eran blancas con algunas mariposas bordadas

- ¿ Y si nos ponemos la ropa y bajamos al jardín?- propuso Lía

- ¡ De acuerdo hermanita!- dijo Allana

Se pusieron ropa sencilla, ya que no querían mancharse en el jardín sus prendas favoritas. Bajaron de nuevo las escaleras y salieron por la puerta trasera de la cocina hasta su pequeño jardín. El césped esmeralda parecía brillar bajo un radiante sol veraniego. Había una agradable brisa que les alborotaba el recién peinado pelo a las gemelas. Se sentaron bajo su árbol favorito, un manzano con unas frutas escarlata radiantes, se estaba bastante bien allí. Aunque Lía opinaba que, el jardín necesitaba una pequeña fuente. Lía adoraba el agua, aunque su hermana, parecía preferir el viento, brisa que alborota el cabello, viento que empujaba a los pájaros a volar… Aunque también le gustaba la idea de tener una pequeña fuente en su lugar preferido de su casa. Lía y Allana se entendían tan bien, que a veces ni necesitaban hablar. Se recostaron en el césped y buscaron formas a las nubes. Se les ocurrían cosas bastante ingeniosas para su edad, tenían apenas once años.

- ¡ Mira, Lía!- exclamó Allana- ¡Esa parece un gato blanco!- dijo señalando una nube que flotaba sobre ellas, parecía tener rabo y orejas.-

Lía, junto a su hermana, escaló hasta la copa más alta que podían escalar, para ver mejor la nube con forma de gato. La brisa se coló entre las ramas del manzano, para revolver los cabellos castaño y negro. Las gemelas bajaron del manzano, no sin antes coger un par de manzanas, y volvieron a casa. Ya era hora de comer, colocaron el mantel y los platos. Las gemelas se sentaron, listas para comer, aunque antes se lavaron las manos, su madre sacó una bandeja del horno. Tenían lasaña para comer. Las hermanas atacaron la lasaña, hasta que dejaron sus platos relucientes, excepto la salsa. La comida fue seguida por unas deliciosas y limpias manzanas de colores. Desde el amarillo, pasando por el verde pistacho, hasta el rojo brillante. Lía escogió una manzana, era ácida y verde. Allana escogió otra manzana verde, como la de Lía. Más tarde, subieron a su habitación a cambiarse, iban a pasar la tarde en el parque. Allana estaba de buen humor, cogió su cepillo de pelo a modo de micrófono y empezó a cantar. Allana tenía una bonita voz para cantar. Lía se puso una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos. Allana aún cantaba y Lía la miró, soltó la percha en la que había puesto su pantalón de estar por casa y se tapó la boca con ambas manos. Allana flotaba unos diez centímetros por encima de la moqueta.

- ¡ -¡Allana!

Q -¿Qué está pasando?- exclamó cuando abrió los ojos y vio que flotaba en el aire.

- ¡Baja de ahí!

- ¡No sé cómo!

Aunque no hizo falta hacer nada. Allana empezó a descender suavemente y tocó el suelo sin hacer ni el más mínimo ruido. Las hermanas se miraron con ojos como platos. Se entendían tanto que no tuvieron que hablar, simplemente se siguieron vistiendo. Ya hablarían de lo sucedido más tarde. Bajaron al primer piso y salieron por la puerta principal y comenzaron a andar por la acera gris hasta el parque. El parque era bastante bonito. Tenía diversos árboles, bancos para sentarse, columpios, un pequeño estanque… Aunque en ese momento estaba vacío. Lía se subió a un sauce bajo, al lado de los columpios. Allana se fue a los columpios a balancearse. Después de un rato, la rama en la que se apoyaba Lía tranquilamente, se quebró, Lía cayó pero, paró a apenas tres centímetros del suelo de gravilla y tierra. Allana dio un grito, ya que ella se había quedado pegada al columpio, y el columpio parecía estar fijado al aire, se había paralizado en pleno balanceo. Las hermanas se miraron asustadas. Lía cayó al suelo y el columpio de Allana se balanceó de nuevo.

- - ¡Ay!- exclamó Lía

- ¿Estás bien?- preguntó su hermana, que se bajó del columpio.

- Sí, gracias.

- Será mejor que volvamos a casa…

- Sí, será mejor.

Emprendieron el camino hacia su casa, completamente perplejas por lo ocurrido. Era casi de noche cuando llegaron a su casa. La cena estaba lista, y las hermanas tenían un hambre feroz. Cuando acabaron el primer plato –pollo asado y patatas fritas- a una rapidez asombrosa, llegó el postre, era el favorito de Lía: una deliciosa tarta de queso cubierta de mermelada de fresa. Lía y Allana empezaron a saborear la tarta, que estaba riquísima. De pronto, un frasco lleno de purpurina dorada, que habían comprado para manualidades, empezó a agitarse. La tapa salió disparada y casi le da a Allana. El bote flotó en el aire y se dirigió a la mesa en la que estaban perplejos, mirando la purpurina volar por la cocina. La purpurina cayó en su gran mayoría sobre Lía y también puso perdida a Allana. Mientras una lluvia de purpurina caía sobre ellas, las hermanas se miraron. Ése era, sin duda alguna, el día más extraño que habían tenido jamás. La lluvia de purpurina cesó y la perplejidad dominó la escena. Reinaba el silencio. Por las ventanas entraba una brisa cálida de verano, se oyó un estrépito y de pronto, dos lechuzas, una marrón moteada y la otra blanca y negra, entraron por la ventana portando dos enormes sobres escarlata. Las lechuzas depositaron los sobres en mitad de la mesa. Cada lechuza bebió un poco de agua de los vasos de las gemelas y volvieron a emprender el vuelo hasta que se perdieron en la oscuridad de la noche. Las hermanas cogieron cada una carta, miraron a sus padres, que les indicaron con un gesto que abriesen los sobres, las gemelas se miraron y rompieron el sello color rojo intenso que cerraba la carta. Lía y Allana leyeron sus cartas:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore (Orden de Merlín, Primera clase, Gran Hechicero, Jefe de Magos, Jefe Supremo, Confederación internacional de Magos).

Querida señorita Jones:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases comenzarán el día 1 de septiembre. Esperamos su lechuza hasta el 31 de julio.

Muy cordialmente,

Minerva McGonagall

Directora adjunta

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