Capítulo 2
El señor y la señora William paseaban tranquilamente por Cottam Road, cuando, al pasar por la casa de los Jones, que tenían las ventanas abiertas (más o menos como el resto del vecindario) se oyeron unos gritos de júbilo a plena potencia. Los señores William dieron un salto hacia la izquierda, del susto. Miraron a la casa con los ojos como platos. Vieron a las gemelas cogidas de las manos y dando saltitos y a sus padres abrazándose y dando saltitos también. Los William estaban petrificados con cara de bobos mirando la escena. Se miraron y reanudaron su camino, andando con una rapidez asombrosa.
La familia se tranquilizó y se volvió a sentar, cada uno con su respectiva sonrisa.
- ¡Vamos, mirad el material!- dijo su padre, claramente emocionado.
Las gemelas cogieron los sobres a la vez y las pusieron bocabajo, cayeron unas hojas de pergamino dobladas. Las hermanas las cogieron con avidez y comenzaron a leer.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
- Tres túnicas sencillas de trabajo (negras)
- Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
- Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante)
- Una capa de invierno (negra, con broches plateados)
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
- El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
- Una historia de la magia, Bathilda Bagshot
- Teoría mágica, Adalbert Waffing
- Guía de transformaciones para principiantes, Emeric Switch
- Mil hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore.
- Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger
- Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander
- Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble
RESTO DEL EQUIPO
1 varita
1 caldero (peltre, medida 2)
1 juego de redomas de vidrio o cristal
1 telescopio
1 balanza de latón
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS
Lía y Allana estaban desconcertadas, no habían oído nunca que hubiese una tienda de varitas cerca de su casa.
- ¿Dónde vamos a comprar todo esto?- preguntó Lía
- ¡Eso digo yo! No creo que esto se compre por aquí…- corroboró Allana
- No, claro que no, éstas cosas no se compran aquí, se compran en Londres.- dijo su madre, risueña.- Debemos ir a comprar las cosas, pero hoy no, mejor que vayamos mañana temprano.- miró el reloj y dijo- Bueno, ya es hora de que vayamos todos a dormir, mañana hay que madrugar-
Lía y Allana recogieron sus platos y se fueron a su habitación. Una vez allí se pusieron sus pijamas de verano y se metieron en sus respectivas camas. Tenían las lámparas de mesa encendidas y las cortinas abiertas. Lía se giró en su cama para mirar a Allana
- Deberíamos apagar la luz, ¿no, hermanita?- dijo Lía
- Pues sí, pero no me voy a poder dormir…- respondió Allana
- Ni yo.
Lía apagó la luz y se tapó con la fina mantita que tenía. En la cama de al lado Allana hacía lo mismo. Lía suspiró y se durmió poco a poco.
· · · · · · · · · ·
A la mañana siguiente, Lía y Allana se vistieron con sencillos conjuntos. Lía iba vestida con un vestido verde pistacho claro y Allana, con el mismo vestido sólo que ésta era blanco. Bajaron por las escaleras, sus padres estaban en la puerta, cogiendo sus llaves y preparándose. Aún tenían que desayunar, así que fueron todos hasta la cocina, donde tomaron un buen desayuno: Tostadas, manzanas, zumo de naranja, galletas y leche. Cuando desayunaron, salieron de la casa por el camino de gravilla, el cielo estaba de un azul brillante, con alguna nubecilla blanca como la nieve flotando en él. Siguieron andando hasta su coche, era gris plateado, se subieron en él, como siempre. Su padre arrancó el coche y éste se comenzó a mover. Al principio todo parecía normal, su madre miraba a izquierda y derecha, no había nadie en la calle, ya que era temprano aún.
- Ya puedes arrancar, no hay nadie.- dijo su madre
- De acuerdo
Su padre accionó un botón, que las hermanas sabían que estaba, pero por más que preguntaban, sus padres no les decían para que servía, así que se quedaron con la intriga. Su padre presionó el botón y el coche ¡parecía volverse invisible con ellas dentro! Y encima, parecía elevarse poco a poco del asfalto. Las hermanas se debatían entre el susto y la fascinación, cada vez se elevaban más y más, las hermanas estaban muy juntas y alejadas de las ventanillas, Lía se fue acercando poco a poco y se asomó, bajo la atenta mirada de Allana, a la ventana. Las casas de Cottam Road se veían muy pequeñas, parecían una casa de muñecas, y los propietarios que salían a pasear con su mascota, parecían pequeños puntitos. Se mantuvieron a esa altura durante el resto del trayecto, Lía y Allana adoraban los trayectos en los que sobrevolaban unas nubes blancas y efímeras. Nunca habían visto así las nubes, así que jugaron un rato a adivinar su forma, se recostaron en un lado del coche, se pusieron cómodas y contemplaron las nubes perezosamente.
- Esa parece… Un dragón- dijo Lía- Es muy grande, ¿a que sí?
- Sí, y esa de ahí parece… Hmmm… ¡Un ovni!- dijo Allana, señalando una nube con forma ovalada
- Es verdad.- dijo Lía, y dio un bostezo. Allana dio otro gran bostezo
- ¡Me lo has pegado!- dijo riéndose
- Uy.- respondió su hermana
Ver las nubes blancas como copos de nieve era muy relajante y empezaba a adormecer a las mellizas. Se les cerraban los ojos, aunque se intentaban mantener despiertas. Aún quedaba tanto para llegar… Les daría tiempo a echarse un sueñecito.
El coche seguía sobrevolando las ciudades, no iba a demasiada velocidad, el Sol se empezaba a filtrar por las ventanillas, Sobrevolaban nubes y claros. Dentro del coche, dos mellizas dormían tranquilamente en el asiento trasero, era amplio de sobra y el sol les daba en la cara. Lía se empezó a despertar, estirándose, su hermana, Allana comenzó a abrir los ojos y se frotó los ojos.
- ¿Queda mucho, papi?- preguntó Lía
- Sí, estoy cansada, quiero llegar ya-
- No queda mucho, llegaremos enseguida y ¡a comprar!
Pasaron unos veinte minutos más, el coche comenzó a descender, seguían invisibles, ya que había demasiado tránsito para dejarse ver. Aterrizaron en una calle desierta. Salieron por fin del coche y emprendieron el camino. Sus padres las guiaron hasta una taberna, se llamaba “El caldero Chorreante”, por lo que ponía en el mugriento cartel, entraron, allí había muchísima actividad allí. La gente charlaba alegremente y se respiraba buen ambiente. El camarero parecía no dar abasto repartiendo vasos, atravesaron la taberna hasta llegar a un pequeño patio. Sólo había un muro de piedra y unos cubos de basura. Las mellizas estaban completamente desconcertadas. Su madre sacó una fina vara de madera de su bolsillo y le dio unos golpecitos con ella a unos ladrillos del muro, al principio no pasó nada, pero luego, esos ladrillos se echaron súbitamente hacia atrás, seguidos de más ladrillos hasta que se formó un precioso arco de piedra que daba a una abarrotada calle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario